Habitar la alberca
El Cortijo de San Marcos se encuentra en las inmediaciones del desierto de Tabernas y a orillas del río Andarax, en Santa Fe de Modújar, Almería. Se trata de una parcela familiar aterrazada que se despliega en dos niveles: en la zona alta, se encuentra la vivienda y la alberca de riego, en la terraza inferior, un huerto y una docena de árboles frutales. El cortijo de San Marcos es un campo productivo de azahar para el consumo propio pero también un lugar de disfrute para la familia en las vacaciones y fines de semana.
El encargo del proyecto es construir una piscina para combatir los calurosos meses de verano. Las premisas de la intervención se centran en comprender el sistema de agua que abastece el regadío de la finca. Se trata de un lugar con clima desértico, lluvias escasas pero torrenciales. En el entorno de la finca, habitan otras pequeñas construcciones acompañadas de terrenos agrícolas especialmente de plantación de naranjos.
El cortijo de San Marcos se abastece de agua de tres formas diferentes. Por un lado, la canalización de agua sanitaria procedente del pueblo. Por otro lado, un sistema de acequias y canales conducen el agua desde una Fuente Natural hasta los diferentes cortijos, así mediante un juego de compuertas “el relojero” permite la llegada de agua hasta la finca cuando se le pide.Y por último, a través del almacenamiento de agua de lluvia torrencial en la alberca.
El proyecto propone mantener la construcción de la alberca y convertirla en un elemento de baño y regadío. Así, la intervención se centra en habitar el jardín de la terraza superior mediante la construcción de una tapia, dos alfombras pétreas y la reordenación de la red de agua de riego.
La tapia es un muro encalado que envuelve el jardín y sustituye las antiguas vallas metálicas. Aporta intimidad al lugar para habitarlo y realza, por contraste, los árboles existentes. Se elimina aquella vegetación no autóctona, se mantienen los árboles y se transplantan especies de menor tamaño. El jardín se viste de un manto blanco de gravas de piedra del lugar. Frente a la terraza y de cara a las vistas, la tapia se reduce para mirar el paisaje y se abre para, a través de una escalera, permitir el paso hacia los naranjos.
El perímetro de la alberca se eleva treinta centímetros para destacar su carácter de infraestructura de riego y evitar la entrada de hojas en su interior. Esta plataforma trapezoidal debido a la adaptación de las preexisencias, se cubre con piedra de trasvertino de una cantera de las inmediaciones. Para evitar la resbaladicidad y reducir costes se mantiene el acabado de la piedra tras el corte. El despiece de la misma ordena las irregularidades y dialoga con una nueva plataforma cuadrada que, a modo de alfombra, levita sutilmente del suelo. Una terraza que a la sombra de la higuera permite apropiaciones diversas en relación al porche de arcadas de la vivienda.
Las acequias del sistema de regadío se rehabilitan. Ahora, una canal de piedra llena la alberca y esta, a su vez, posee un desagüe que permite el regadío del bancal frutícola. En el jardín, como partes del mobiliario, dos elementos recuperados de mármol, una pila y un lavadero, salpican el ambiente mediterráneo. Ambos, usados para la ducha de los bañistas o la limpieza de utensilios, permiten, con el agua usada, el riego por goteo de los árboles del jardin. Para garantizar la doble funcionalidad verano/invierno de la alberca se opta por un sistema de depuración con cloro. En verano el agua limpia y cristalina refresca el ambiente y permite el baño de quienes la habitan. Cuando el cloro se evapora, se utiliza en el sistema de regadío. En invierno, el agua se torna verde y vuelve a confundirse con las albercas vecinas.